El papa León XIV denunció el sábado los «abismos entre pobres y ricos» en el primer discurso de su visita relámpago a Mónaco, un minúsculo principado católico conocido sobre todo por su lujo.
Esta visita de menos de nueve horas, la primera de un papa en casi 500 años a este microestado mediterráneo de menos de 2 km2 y de 39.000 habitantes, no movilizó a las multitudes esperadas de la vecina Francia o de Italia, pero permitió a la Iglesia de Mónaco mostrar una diversidad que va más allá de los clichés.
En el patio del palacio, a lo largo del recorrido del papamóvil y durante la misa en el estadio Luis II, los habitantes, aunque no fueron numerosos, aclamaron al papa agitando pequeñas banderas amarillas y blancas o rojas y blancas —colores del Vaticano y de Mónaco—.
El pontífice estadounidense y con nacionalidad peruana llegó al principado mediterráneo poco después de las 09H00, tras un viaje en helicóptero desde Roma.
Fue recibido por el príncipe Alberto II y su esposa, Charlène, en el helipuerto de Mónaco, constató un periodista de AFPTV.
Posteriormente se dirigió al Palacio Principesco, donde, desde el balcón, pronunció un mensaje con un eco especial en este microestado mediterráneo conocido por sus casinos, sus multimillonarios y una rampante opulencia.
En un discurso en francés, la lengua oficial de Mónaco, el papa criticó «las configuraciones injustas del poder, las estructuras de pecado que excavan abismos entre pobres y ricos, entre privilegiados y descartados, entre amigos y enemigos».
«Cada talento, cada oportunidad, cada bien depositado en nuestras manos tiene un destino universal, una exigencia intrínseca de no ser retenido, sino redistribuido», añadió en línea con el discurso de su difunto predecesor Francisco sobre la justicia social.
Y en una clara referencia a los conflictos mundiales, criticó que «la ostentación de la fuerza y la lógica de la prevaricación perjudican al mundo y amenazan la paz».
Léon XIV, que pasó unos veinte años como misionero en regiones pobres de Perú, citó en particular Rerum Novarum, la encíclica social publicada en 1891 por León XIII que sienta las bases de la doctrina social de la Iglesia.
Las princesas Estefanía, Carolina y Carlota asistieron a la ceremonia, vestidas de negro y con mantillas sobre la cabeza.
«Estoy temblando, es muchísima emoción, una enorme sensación de orgullo», dijo Alix Pearce, de 34 años, que acudió al evento con su familia.
«El papa une a la gente», estimó Eric Battaglia, músico monegasco de 64 años. «En un mundo que lleva años en guerra, menos mal que existen personas así, que intentan que lo humano siga siendo humano».
– «Ya somos muy generosos» –
Vivir en Mónaco «representa para algunos un privilegio y, para todos, una llamada específica a interrogarse sobre su lugar en el mundo», dijo el pontífice a su audiencia.
El príncipe Alberto II reconoció que existe un «imperativo de solidaridad por parte de quienes cuentan con más recursos» y señaló que «los pequeños Estados también pueden contribuir a mejorar el mundo».
«Nosotros somos privilegiados, sí, pero las responsabilidades las tenemos todos, incluso quienes no disfrutan de esos privilegios», reaccionó Marge Valentino, una residente italiana de 73 años. «Somos un pueblo pequeño y ya somos muy generosos», insistió.
Tras un encuentro con la comunidad católica en la catedral de la Inmaculada Concepción, unos 1.500 jóvenes recibieron a León XIV en una nube de teléfonos móviles frente a la iglesia de Santa Devota, patrona de Mónaco.
Luego, ante 15.000 fieles, sobre todo discretos, el papa ofreció una misa donde reafirmó la posición de la Iglesia católica sobre las cuestiones de bioética —eutanasia y aborto—, invitando a «cuidar de toda existencia humana, desde su aparición en el seno materno hasta el momento en que se marchita y en todas sus fragilidades».
Mónaco, que el año pasado renunció a legalizar el aborto y reforzó los cuidados paliativos al rechazar la ayuda a morir, sigue siendo uno de los últimos países europeos en sintonía con esta doctrina.
Solo el 8% de los 39.000 habitantes de este territorio, de los cuales una cuarta parte son de nacionalidad monegasca, se declaran practicantes católicos, religión de Estado del principado.
A una semana de la Pascua, la fiesta más importante del calendario cristiano, esta visita permitirá también medir la popularidad del pontífice estadounidense, más discreto que su predecesor, el argentino Francisco.
AFP
